viernes, 26 de abril de 2019

Las cuatro revoluciones de la comunicación política


El artículo “Quiero ser como Obama”, (Rubio, 2009) de Rafael Rubio Núñez, parte de un análisis general e histórico de los puntos de inflexión en la política norteamericana, permitiéndole al observador una perspectiva de las revoluciones ocurridas en el campo electoral y la comunicación política. De esta manera, el investigador de la revolución del internet y actualmente de las redes sociales, tiene parámetros objetivos para medir su importancia y establecer su posible evolución.

Conocer el contexto político del siglo XXI permite crear campañas exitosas

Para Rubio, son cuatro las revoluciones, partiendo en 1836, cuando la iniciativa del candidato William Henry Harrison genera una estrategia que permanece casi dos siglos: la gira nacional presentando mítines. Harrison utiliza esta maniobra en respuesta a la coyuntura y a solucionar una controversia sobre su condición, pero la intuición de los políticos establece a la medida como un elemento básico de cualquier campaña electoral hasta la actualidad.

La segunda revolución ocurre en la década de los veinte, con la expansión de la radio, convertida en un medio de masas, donde el mensaje particularizado se vuelve general, amplio. En este caso, también podemos concluir que el uso electoral de la radio se profundizó únicamente cuando los avances tecnológicos y el uso masivo lo permitieron, elemento a considerar en la vertiginosa evolución de las tecnologías de información.

La radio revolucionó las comunicaciones en los años 1920

La tercera revolución inicia en los cincuenta, con el aparecimiento de la televisión, convertida en el medio indiscutible para los políticos hasta el año 2004, donde el mensaje también es masivo, como en la radio, pero con el cual la imagen de los candidatos se convierte en la esencia de los mensajes. En Ecuador, este medio fue diestramente utilizado en las elecciones de 1979, por Jaime Roldós y Oswaldo Hurtado, quienes ganaron el proceso en parte por su imagen personal, pues el acceso de los ciudadanos a esta tecnología estaba ya extendido, pudiendo presenciar el primer debate televisivo de la historia nacional (El Universo, 2017).

La televisión es la tercera revolución de la comunicación política

Estas tres revoluciones permiten comprender un momento determinado de la política americana en 2008. Ya en 2004, el internet fue una variable importante, pero en la campaña de Obama fue decisiva, pues le permitió al senador demócrata movilizar simpatizantes, votantes y financiamiento, alcanzando a millones de estadounidenses con sus mensajes. En Ecuador, el internet y las redes sociales no han alcanzado este nivel de proyección de las nuevas tecnologías, pero sí se han convertido en un eje para el debate, la campaña contra el adversario y los rumores políticos.

Aún en las elecciones de 2006 y 2009, se verifica que la televisión se mantiene como el medio más optado y en el que más recursos se invirtió, “tato así que los cortes entre programas eran minutos más electorales que comerciales” (El Universo, 2017), proceso electoral que dio como vencedor a Rafael Correa Delgado, quien en los siguientes diez años de gobierno utilizará los medios digitales de internet y redes sociales con maestría.

La cuarta revolución implica no solamente el uso de canales alternativos para transmitir los mensajes políticos y de campaña, sino una transformación de la forma, el contenido y la audiencia, pues en las elecciones siguientes, como en 2013 y 2017 ya son elementos básicos de las campañas, basando su estrategia en los ciudadanos y por lo tanto segmentando el mensaje de acuerdo a las necesidades, problemas y aspiraciones de grupos cada vez más pequeños y permitiendo un contacto con la gente, como en campañas del siglo pasado, elementos que Rubio considera propios de esta nueva etapa digital.

La revolución digital transforma no solo los medios, sino las relaciones entre emisor y receptor 

Si bien las elecciones aún no se ganan en internet, para Rubio es indispensable usar las plataformas digitales para ganar las elecciones y considerar que las tecnologías evolucionan rápidamente, como en los dispositivos por los cuales los votantes consumen las propuestas e ideas políticas, desde la PC, pasando por la laptop y ahora el móvil, que tienen sus propios formatos. Así se puede establecer que la evolución tecnológica, confluye en la profundización del uso de medios actuales, hasta que aparezcan nuevas plataformas.


Bibliografía
Rubio, R. (enero -marzo, 2009). Quiero ser como Obama (me pido una red social). Cuadernos de pensamiento político, 21, pp. 123-154. Recuperado de: http://fundacionfaes.org/file_upload/publication/pdf/20130423190444quiero-ser-como-obama-me-pido-una-red-social.pdf

El Universo. Belén Zapata Mora (15 de febrero de 2017). Campañas electorales de Ecuador, su paso hacia la televisión. Recuperado de: https://www.eluniverso.com/noticias/2017/02/15/nota/6049723/campanas-electorales-ecuador-su-paso-hacia-television

viernes, 19 de abril de 2019

La construcción de opinión pública en el caso “Indígenas del Ecuador”


En una sociedad estructurada, existen diferentes manifestaciones de conducta colectiva, las cuales fueron estudiadas desde varias perspectivas filosóficas, sociológicas y psicológicas, entre otras corrientes, que intentaron aportar una comprensión y definición de las clases de comportamiento de una colectividad.

Los indígenas de Ecuador se organizaron y presentaron demandas sociales

Las movilizaciones reivindicativas de la población en el siglo XIX, vinculados a grupos organizados y público definidos (Buitrago, 2010), influyeron en pensadores como Gustave LeBon quien, a principios del siglo XX, intenta explicar la conformación de la multitud, uno de los tipos de conducta colectiva surgidos en las sociedades industriales capitalistas, desde el ámbito de la psicología de las masas (Pierce, 1994), y la define como un producto de la evolución de las sociedades, identificándola con las clases populares que utilizan la violencia y la destrucción como medios para dejarse escuchar.

Una multitud, de acuerdo a la caracterización de LeBon, puede encontrarse en el movimiento indígena de Ecuador que, en la década de los noventa del siglo XX, protagonizó uno de los más significativos hechos de la política moderna de América Latina (Bengoa, 2009), seguida por muchos movimientos de reivindicación social en Centro América y con mayor énfasis en Bolivia. Sus demandas fueron atendidas cuando las multitudes indígenas, predispuestas por motivos emocionales después de siglos de aislamiento y explotación, expresaron su descontento en las ciudades, protagonizando saqueos y ataques a los símbolos del poder criollo (Moreno y Figueroa, 1992).

Estas multitudes anónimas, contagiadas del resentimiento e impelidas por razones inconscientes, fueron en su origen causa de temor de la población urbana, ante la cual se presentaba un grupo humano dispuesto a reivindicar por la fuerza sus necesidades y derechos, sin que los indígenas hayan logrado, en el primer momento de este proceso histórico, traducir el descontento en opinión pública.

El intento de LeBon por explicar las consecuencias violentas de la formación de una multitud como la descrita, no fue considerado en los estudios posteriores sobre la formación de las tendencias públicas, debido a que su naturaleza, hasta cierto punto irracional, impide la estructuración de las mismas. Por ello, investigadores ulteriores como Park y Blumer, desarrollaron sus estudios sobre otra manifestación colectiva, a la cual denominaron el público (Pierce, 1994), que constituye otro mecanismo evolutivo de la sociedad y se caracteriza por la racionalización de su función.

De acuerdo a Pierce (1994), el público fue entendido por Park como un método mediante el cual “las personas de diferentes grupos establecidos pueden organizarse en nuevos grupos” (pág. 45), por ejemplo, los gremios, asociaciones y partidos políticos. Posición complementada por Blumer, quien sostiene que el público es un grupo amorfo variable, el cual se enfrenta en los distintos momentos de la Historia a problemas, que intenta resolver en base al debate de ideas, al argumento y contraargumento de las partes (Pierce, 1994), que es la forma en la que se origina la opinión pública.

Lippmann, por su parte, profundiza las posturas de Park y Blumer, determinando que todo público tiene dos conjuntos de una población; los grupos de interés y los espectadores, que son influenciados por los primeros (Pierce, 1994), dentro de este proceso de discusión, que busca evidenciar el problema plantearlo de determinada manera o encontrar las soluciones. En este escenario, Foote y Hart sostienen que existen cinco fases (Pierce, 1994), las cuales se desarrollan en diferentes procesos históricos, como en la consolidación del movimiento indígena de Ecuador.

Como se manifestó, las primeras irrupciones de los movimientos indígenas en las urbes se manifestaron como multitudes violentas, pero en el mismo período histórico, los grupos de interés del indigenado buscaba una forma de que su lucha sea aceptada por el Estado ecuatoriano, lográndolo con el posicionamiento de la interculturalidad y plurinacionalidad, dos categorías que surgen como una forma alternativa de lucha política, como señala Antonelli, M. et al. (2002).

El problema de origen para los indígenas fue cómo plantear una lucha reivindicativa propia, alejada de las organizaciones políticas y religiosas que los apoyaban, que sea a una vez antagónica con la sociedad criolla y planteando propuestas de índole nacional que afectaban a todo el Estado. En la fase propositiva, como señala Sánchez-Parga (2010) coincidiendo con Touraine, el debate lleva a formular líneas de acción que intentan resolver esta contradicción, definiendo y estructurando los principios de identidad, oposición y totalidad.

En la fase política, los grupos de interés debaten activamente sobre la esencia del problema, los indígenas lo enfrentan planteando el concepto político de interculturalidad, como mecanismo para “la decodificación y deconstrucción del orden del saber constituido desde el poder” (Antonelli, M. et al., 2002, pág. 93). Pero, enfrentan la totalidad a través de la plurinacionalidad con el fin de transformar el Estado criollo, como señala Antonelli, M. et al. (2002), afectando sus concepciones constitutivas occidentales, en los ámbitos políticos y jurídicos.

Los indígenas buscaron su propio camino político y crearon el movimiento Pachakutik

Dentro de la fase del programa, los indígenas rompen con sus antiguos aliados de izquierda y proponen alianzas con ellos, en calidad de iguales, (Sánchez-Parga, 2010), generan el levantamiento indígena de 1990, como mecanismo de fuerza frente al Estado, que les permite sentarse a negociar con las autoridades; y, en la fase de evaluación, donde se debate sobre el éxito o fracaso de las acciones generadas, deciden participar en la vida político - electoral del país, creando en 1995 el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik (MUPP), que no solo agrupa a indígenas, sino a criollos que se adhieren a sus propuestas (Sánchez y Freidenberg, 1998).

Para 2018, el movimiento indígena ha sufrido avances y retrocesos, de estos últimos podemos visualizarlos en el faccionalismo organizativo (Sánchez-Parga, 2010) y la alta migración del campo a la ciudad, dispersando geográficamente las originarias entidades comunitarias. Del antes poderoso MUPP, se evidencia su debilitamiento ante el avance de nuevas tendencias dentro del movimiento en las provincias con mayor población indígena de Ecuador. En Chimborazo, por ejemplo, la organización participativa de los indígenas deviene en masa, cuando sus líderes se dividen y secuestran los canales de comunicación de las bases comunitarias, obligándolas a definirse electoralmente por uno de los caudillos indígenas de Pachakutik, Amauta Yuyay (evangélicos) o Minga.

Bibliografía

Antonelli, M. et al. (2002), Movimiento indígena ecuatoriano: Construcción política y espitémica. En Dávalos, P. Estudios y otras prácticas intelectuales latinoamericanas en cultura y poder (pp. 89-97). Caracas: CLACSO.

Bengoa, José. (2009). ¿Nova etapa de Emergência Indígena na América Latina? (pp. 07-22). Cuadernos de antropología social No. 29. Recuperado en 16 de abril de 2018, de http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1850-275X2009000100001&lng=es&tlng=pt

Buitrago, J. (2013), Charles Tilly y Lesley J. Wood. Los movimientos sociales 1768-2008. Desde sus orígenes a Facebook. Barcelona: Crítica, 2010. 368 páginas. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura [en línea], 40 (enero-junio). Recuperado el 16 de abril de 2018, de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=127128090019.

Moreno, S. y Figueroa, J. (1992). El levantamiento indígena del Inti Raymi de 1990. Quito: Fundación de estudios Sociales y Ed. Abya Yala.

Price, V. (1994). Opinión pública: esfera pública y comunicación (pp. 41-66). Buenos Aires: Paidós.

Sánchez, F. y Freidenberg F. (1998). El proceso de incorporación política de los sectores indígenas en el Ecuador. Pachakutik, un caso de estudio (pp. 65-79). Revista América Latina Hoy No. 19.

Sánchez-Parga, J. (2010). El movimiento indígena ecuatoriano (pp. 85-96). Quito: Ed. Abya Yala.

jueves, 4 de abril de 2019

Evolucionar o desaparecer: La reinvención de los partidos políticos


En su libro El último Partido, Toni Aira (2015) describe como un suicidio la situación actual de los partidos políticos en España y Europa, debido al incremento de la brecha entre lo que pueden dar a la sociedad y lo que los ciudadanos esperan de ellos; entre otras cosas, transparencia, democratización, meritocracia de la función pública, respeto a la ley; es decir, que canalicen las aspiraciones y necesidades ciudadanas como parte de las políticas y la administración públicas.

Reunión nacional del PSC, previo a las elecciones 2019
Esta situación europea, también se evidencia en América Latina, donde los partidos políticos tradicionales desaparecen, dejando espacio para otras organizaciones, de tendencia populista (Aira, 2015), o simplemente por nuevos partidos que tratan de entender la situación política en un mundo globalizado, interconectado, donde, por un lado, existe una desmoralización de la población sobre la participación ciudadana y por otro una militancia digital, dispuesta a obtener su cuota de participación y a visibilizarse.

De esta manera, Aira (2015) concluye que los partidos políticos pueden extinguirse en las próximas décadas si no se reinventan, lo que no significa la apropiación de un mensaje que convenza a las masas cada cuatro o cinco años, ya que no se trata de un problema de comunicación o de márquetin político; es un problema de la concepción misma de los partidos políticos, que se han consolidado para obtener el poder y conservarlo, sin que importen el cómo y el por qué, instituyendo una estructura que abusa de la autoridad asumida.

Para el autor de El último Partido, la reinvención de los partidos políticos pasa por un ejercicio de autocrítica profunda, que racionalice los elementos internos y formales, como la naturaleza de su existencia, el dogmatismo y las jerarquías antidemocráticas que los constituyen. Pero, esta reflexión tiene un elemento adicional que puede determinar el futuro de estas organizaciones políticas tradicionales: la voluntad de evolucionar hacia nuevas propuestas que reduzcan la brecha con la ciudadanía, planteando soluciones equilibradas, ni parches que maquillen la situación, ni las que quieren destruir todo para construir algo desconocido.

Si bien Aira (2015), reflexiona desde una realidad europea, enfatizando la cuestión española, su análisis refleja la situación en otras regiones como América Latina; Ecuador, en particular, donde los partidos tradicionales apenas se sostienen en el contexto político actual, tratando de darse una nueva cara basada en el márquetin, en lugar de repensarse y cambiar de acuerdo a las necesidades sociales.



En Ecuador, parte de este proceso lo ha iniciado el Partido Social Cristiano, como lo señala el periodista Carlos Vera, posicionando una visión práctica en la solución de los problemas de la sociedad, los cuales deben estar sobre las ideologías e intereses de grupo, promoviendo alianzas locales y logrando en las elecciones de 2019 consolidarse como la primera fuerza del país, especialmente en las provincias de la Costa.

Bibliografía
Aira, T. (2015). El último Partido. Madrid: Editorial UOC.