De acuerdo al libro “Allegro ma non troppo”, de Carlo María Cipolla,
las personas inteligentes se pueden definir como aquellas que "haciendo
bien a los demás, se lo hacen a sí mismos", lo que difiere de la persona
malvada, quien hace daño a los demás para obtener beneficio propio o de su
grupo.
Con esta definición, se analizarán en esta entrada las características de un líder inteligente, que busca el beneficio de su comunidad, tanto en el aspecto material como en el espiritual.
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| El caudillo demagogo vela por los intereses de su grupo y el populista demagogo por sus propios intereses mesiánicos |
Aunque los políticos realizan un programa de gobierno bajo el
supuesto de que tendrán recursos para desarrollarlo, una vez en el poder se
darán cuenta que los recursos son limitados, aún escasos y que, frente a sus
dilatadas ofertas de campaña, no hay dinero que alcance.
Por lo tanto, los planes demagógicos crean ilusiones (esperanzas
y espejismos), en los ciudadanos que, cuando no se cumplen las propuestas o los
recursos utilizados en programas sociales se termina, van a degenerar en un
rechazo general a la política y en la merma de la credibilidad de los actores
políticos y sus organizaciones.
Por supuesto que la demagogia suele dar buenos resultados
electorales, como en el caso de los políticos populistas y caudillos (malvados,
diría Cipolla), que sostienen sus campañas alimentando esperanzas y odios entre
población, pero por otro lado, sus desastrosas administraciones finalizan en
derrocamiento, cárcel o fuga, inclusive en cadalso para el líder y sus
obsecuentes seguidores.
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| Un líder inteligente escucha, propone e impulsa ideas que benefician a todos |
Definido el tipo de liderazgo que no queremos, en esta entrada
hablaremos de los líderes inteligentes, aquellos que encuentran la manera de
convencer sin mentir, de tomarse el poder sin enfrentar a los ciudadanos. Estos
líderes basan su campaña en la investigación socio – política antes que en el
carisma demagógico, descubriendo cuáles son las necesidades y sueños de la
población y construyendo un programa que reúna estos elementos como soluciones
a un contexto social, político, económico y cultural determinado.
Un líder inteligente sabrá ofrecer únicamente lo que puede
cumplir y de ser el caso, ya en el gobierno, hacer más de lo ofrecido, si las
condiciones lo permiten. Esto tiene como base una ética de lo público, donde
prima el servicio sobre el interés particular. Así el político conserva y/o
incrementa su credibilidad, puede reelegirse, fortalecer su organización
política para que permanezca en el poder por varios periodos y dejar un legado
democrático en la sociedad que se volverá parte de la dinámica de una ciudad,
de una provincia o de un país.


